¿Sabías que...? | |

¿Sabes quién fundó Grupo Abades?

Paco Martín, de motor a corazón de Abades; Dolores Arjona, el alma

Hermosos son los nombres propios que acompañan la vida de Paco Martín. Esperanza, Encarnación y sobre todo, Dolores. Las palmas de sus manos siempre se muestran abiertas. Te miran. Tanto como sus ojos. Durante la conversación nunca están quietas. En constante movimiento van subrayando las frases, los conceptos que considera más interesantes. Sólo descansan cuando escucha el comentario. La pregunta. Entonces las deja reposar sobre sus piernas y se inclina hacia adelante. Quiere escuchar el matiz, quiere sentirlo. Es la única manera de contestar correctamente. Sabe que las respuestas a las preguntas no se contestan con palabras. El recuerdo a su mujer, Dolores, estará presente en toda la conversación. Intenta buscar su apoyo, como siempre lo ha tenido.

 

Para conocer la historia y sobre todo la filosofía de esta aventura que lleva con orgullo ser andaluza de Loja, de Granada, hay que conocer la vida de Paco Martín y Dolores Arjona, su mujer; ellos son los fundadores de la empresa. Él es el artífice de lo conseguido. Ella, la esposa, la compañera que apoya. Como la de muchos compañeros de generación, las suyas forman una vida intensa, llena de esfuerzos, pero sobre todo de ilusión. Cuánto tenemos que aprender de estos hombres y mujeres. De este hombre y de ésta mujer.

 

1932 fue un tiempo duro. España se acercaba más a África que a Europa. Ese fue el año en el que nació Paco Martín. En noviembre. En una tambaleante República que ya había experimentado unos meses antes el intento de Golpe de Estado de Sanjurjo en Sevilla. Años después vendría la tragedia que ya se palpaba en el ambiente. Pero Paco nació en la pedanía lojeña de la Esperanza. Premonición. Su caso es un claro ejemplo de que el lugar de nacimiento imprime carácter.

Dolores Arjona, nace en Archidona. De hecho el apellido Arjona es muy común en aquella zona. Pero ésta mujer no será una mujer más. Ella será la tramoyista que desde las bambalinas empuje para crear y desarrollar el espíritu de Abades. Para darle sentido a su familia.

Paco es el más pequeño de seis hermanos. La calle que formaba la pedanía sólo tenía diez o catorce casas. Poco juego en una polvorienta infancia. Deseando recibir a su padre, un maestro de escuela, sin escuela. Por aquel entonces los maestros iban a casa de los señoritos a dar clase.

Estalla la guerra y toda la familia se traslada. Primero se refugian en un cortijo y luego se instalan en el centro de Loja. En la plaza de la Encarnación. Su padre sigue ejerciendo de profesor en los cortijos de la comarca. Paco decide que es hora de ayudar en casa y se pone a trabajar en un bar a los doce años. Catorce o quince horas atendiendo a la clientela, fregando vasos. Dando ánimos a los parroquianos del local.

Por su parte Dolores, a los ocho o diez años también se traslada, junto con su familia, a Loja. Los motivos son los mismos, la Guerra Civil Española. La huída a un lugar más seguro donde encontrar un futuro más próspero. La suya es una familia del campo, humilde y muy trabajadora.

 

La Esperanza y la Encarnación. Dos denominaciones que marcan el destino de Francisco. No hay futuro como camarero en aquel bar y Paco Martín marca un punto de inflexión en su vida. “Tengo que salir fuera. Tengo que aprender”. En este momento, a los diecisiete años, comprende que lo mejor es recorrer las ferias de Andalucía y el norte de España y se ofrece como camarero. Granada, Sevilla. También Bilbao, San Sebastián o Madrid. Para poderse integrar en las cuadrillas de camarero incluso cambia su fecha de nacimiento.

Paco Martín, sin saberlo, va sembrando la filosofía de negocio de lo que después será Grupo Abades. Hostelería. Viajes. Esfuerzo. Trabajo. El motor se pone en marcha.

Primaveras y veranos de trabajo por España y otoños e inviernos de refugio en Loja. Es marca de Abades. La casa está en Loja. Al resguardo de la sierra. Tiene veinticuatro años y ahora es cuando Paco ve el momento de abrir su primer bar. Lo hace, no puede ser de otra forma, cerca de donde vivía. En pleno centro lojeño. En la plaza de la Encarnación. Durante ocho o nueve años, Casa Paco, que así se llamaba el local, es el lugar de reunión del pueblo.

Son años, ¿y cuáles no? de duro trabajo para él. Algún ayudante y mucha ilusión. Esperanza.

Mientras Dolores también ha empezado a trabajar. Ella lo hace en un taller de costura. Era el oficio al que estaban predestinadas las mujeres de la época. Sin duda, el tesón y la paciencia que tienen las costureras, fueron cualidades que recogería de aquellas fechas. Luego las emplearía para llevar adelante a su familia y para impregnar la filosofía de Abades. Ahí, en esos momentos estaba fraguándose el espíritu de la empresa. En esos años, esos trabajos sólo eran los momentos de transición para que las chicas encontraran a un novio. Ella, al igual que las demás mujeres, estaba esperando que un buen mozo del pueblo “le tirara los tejos”. Y ese amor llega. Se trata de Paco. Ella aún es muy joven. El que luego sería su marido le lleva cuatro años. Pero el amor no sabe de esas cosas. Dolores termina casándose con Paco. Corazón y alma se han unido y van a asociarse para crear una familia y una empresa. Y las dos con el mismo espíritu de sacrificio y tesón.

Las manos de Paco ven, observan. Ahora, sin duda, recuerda a su mujer. De ella aprendió, al igual que sus hijos, a tener paciencia y constancia. Por eso matiza las repuestas. Sus ojos sienten, palpan las preguntas. Son profundos. Han padecido mucho pero nunca han juzgado. Los hombres, también las mujeres, de su generación estaban muy ocupados en sacar adelante a su familia y a las que luego ellos mismos crearían, como para preocuparse por las actuaciones de los demás. No se puede perder tiempo en ello. Es malgastar la vida y Paco confiesa que “ha vivido intensamente todos los momentos que la existencia le ha permitido junto a su mujer, Dolores Arjona.”